Definitivamente, la actual no se parece ni remotamente a la película que se vio a fines de 2001 en la Argentina. Mucho menos una remake, con menores efectos especiales. Bernardo Kosacoff observa que no hay condiciones para que el país caiga en una debacle de magnitud. Ni que los actores principales de este film, la sociedad argentina, pague los costos de un ajuste. El economista, que esta semana habló sobre "Situación y Perspectivas de la Economía Argentina", en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), una charla auspiciada por OSDE, cree que -cada tanto- el argumento de la película se renueva. Y, en una entrevista con LA GACETA, narró el guión de lo que hoy miran los argentinos.

-¿Sirve tanta intervención del Estado en el mercado?<
-Mientras interviene bien es positivo, pero lo que tenemos aquí hoy es la aparición de nuevos problemas, pero -a mi juicio- muy diferentes a los del pasado. Entonces, los problemas que se planteaban eran sobre cómo salir de la hiperinflación, de la ruptura generalizada de los contratos, del alto nivel de endeudamiento. La verdad que, en ese pasado, no había ninguna consistencia técnica para poder salir. Sí había dos instrumentos, la inflación y la devaluación, y eso permitía -a través de las crisis- recuperar el crecimiento pero, porsupuesto, con un costo social elevadísimo y con una destrucción muy fuerte del capital social productivo. Y, ahora, hacia fines del año pasado, aparecieron nuevos dilemas de la política económica...

-¿Por el cambio del ciclo?
-Por un conjunto de procesos económicos, que son el resultado de variables endógenas y exógenas. Lo que uno puede ver es un desempeño doméstico espectacular entre 2003 y 2011, con crecimiento del nivel de actividdad y del empleo, con desendeudamiento, generación de reservas, aumento de las exportaciones, entre otros. Pero claramente aparecen temas que requieren de una nueva atención. A mi juicio, observo cuatro que pueden ser centrales: la fuerte dolarización de los portafolios; el proceso inflacionario que se arrastra desde principios de 2007, que genera cambios de precios relativos muy complejos; una suba muy fuerte en un conjunto de subsidios que requiere de una evaluación social que apunte hacia la eficiencia y la equidad y, finalmente, la generación de un déficit comercial de manufactura al que se le agregan los combustibles.

-¿Cómo se enfrenta esto?
- Para enfrentar estos temas, las holguras fiscales externas del gobierno son menores que las del pasado. Pero si uno lo compara con la de cualquier país desarrollado, la Argentina tiene números que son manejables. Tenemos superávit comercial y, si es que tenemos algún déficit en los números fiscales, estos son insignificantes en términos del Producto. Estos números serían para el aplauso de las normas más estrictas de Maastricht o de cualquier país desarrollado. Si bien los números son distintos a los de 2007, claramente hay margen para enfrentar estos temas sin generar una crisis.

-Si el costo de las anteriores crisis fue social, ¿cuál puede ser la variable para la actual?
-Insisto, creo que hay margen para que no tengamos que ir hacia una crisis. Hay tres temas que son distintos a los del pasado: tenemos un precio de la soja en torno a los U$S 500 la tonelada. Y no sólo el precio es bueno; la Argentina hoy produce 100 millones de toneladas de granos y se puede producir mucho más si ponemos bien las reglas de juego. Durante 50 años (desde 1930 hasta 1980) producíamos 20 millones. Otro tema, que no es menor, es que la Argentina ha tenido un proceso de desendeudamiento espectacular, no sólo del sector público, sino también del privado. Otro dato: el nivel de morosidad es inferior al 1%. Y, a todo eso, debemos sumarle que el Gobierno tiene una cantidad de reservas muy distinta a la de otros episodios de crisis. Así, el punto de partida para resolver los problemas es diferente al del pasado.

-¿Cuál puede ser la solución?
-No hay una sola, sino un conjunto de medidas de política económica y de señales que se conviertan en elementos claves para recomponer el proceso de inversión, proteger el empleo (un tema central. Es necesario aparecer con un mínimo de sensatez para tranquilizar a los mercados, demostrando que la Argentina tiene un camino por recorrer sin volver a las extremas volatilidades que nos caracterizaron en el pasado.

-¿Guillermo Moreno es parte de la solución o es parte del problema?
-No quisiera personalizar. Él sólo es un ejecutor de las políticas. Y lo que se requiere ahora es una definición de un sendero de largo plazo por parte de las autoridades políticas del país. Él cumple con los deberes y, obviamente, son estilos. Pero lo que hay que definir son los objetivos. La Argentina tiene que administrar mejor los dólares, porque no será un bien que sobre. Pero el punto de partida para eso no es malo.